Tocaron la puerta.
Mi hijo rodó los ojos.
—¿A quién llamaste?
—Abre —le dije con calma.
Suspiró… y fue.
Abrió la puerta.
Y en ese instante…
su rostro cambió.
🚪 Lo que vio
Dos hombres.
Un notario.
Y detrás de ellos…
una mujer elegante que él no esperaba ver.
—Buenas tardes —dijo ella—. Venimos por la propiedad.
Mi hijo frunció el ceño.
—¿Qué significa esto?
Caminé lentamente hacia la entrada.
—Significa —dije— que esta casa ya no es mía…
ni tuya.
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