Primero fue el banco.
—Señor, necesitamos hablar sobre la hipoteca.
—¿Qué hipoteca? —respondió confundido.
—La propiedad tiene una deuda considerable. Usted ahora es el único responsable.
Silencio.
Luego vinieron los autos.
—El vehículo está financiado. Debe continuar con los pagos pendientes.
Después… los impuestos atrasados.
Y finalmente…
la empresa.
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