No necesitás ser masajista profesional ni tener aparatos costosos. Solo un poco de atención y cariño a tus pies puede hacer una gran diferencia. Te contamos cómo hacerlo paso a paso:
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Lava tus pies con agua tibia
para relajarlos.
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Secalos bien con una toalla suave.
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Aplicá crema o aceite esencial (como lavanda o menta) para facilitar el masaje
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Hacé movimientos circulares con los pulgares desde los dedos hasta el talón. Presioná suavemente pero firme.
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Estimulá el arco y la base de los dedos, que son zonas muy activas.
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Finalizá con caricias suaves y, si querés, podés usar calcetines para mantener la hidratación mientras dormís
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¡Listo! En menos de 10 minutos, tus pies estarán agradecidos… ¡y vos también!
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