En un mundo que olvida rápido, que descarta lo “viejo” y glorifica lo efímero, esta generación merece ser celebrada. Porque fueron —y siguen siendo— el alma de nuestra cultura, el motor de nuestras economías y el corazón de nuestras familias.
Son una generación irrepetible. La última que vivió sin internet… y la primera en dominarlo. La que aún escribe cartas, pero también responde WhatsApp. La que sigue enseñando, trabajando, emprendiendo y viviendo con plenitud.
Si conoces a alguien nacido entre 1940 y 1985… abrázalo fuerte, escúchalo, aprende de él. Porque detrás de cada uno, hay una historia que vale más que mil likes.
Leave a Comment