Cuando mi suegra me llamó, su voz estaba rota.
—Ven rápido… ha pasado algo terrible.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—¿Qué ocurre?
Hubo un silencio largo al otro lado del teléfono.
Luego lo dijo.
—Tu esposo… ha muerto.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿Cómo?
—Un accidente durante su viaje de trabajo —sollozó—. Tenemos que ir al aeropuerto a identificar el cuerpo.
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