—¿Esto es verdad…?
Lo miré en silencio.
En la pantalla estaba el mensaje del banco.
Transferencia realizada.
Cuenta a nombre de: Carlos Martínez (mi hijo)
Monto: todos mis ahorros.
Era el dinero que guardé durante 30 años.
El dinero que pensaba darle el día de su boda.
Lo había enviado minutos antes de entrar.
También había otro mensaje.
«Un padre no deja de ser familia, aunque lo echen de la fiesta.
Sé feliz, hijo.»
Sus manos empezaron a temblar.
—Papá… yo no sabía…
mamá dijo que tú… que tú no querías venir…

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