Si tú te valoras, los demás aprenderán a hacerlo también.
Recuerda:
“El amor de los hijos no se exige, se inspira.”
Cuando los hijos ven a sus padres tristes, dependientes o reprochando, tienden a alejarse.
Pero cuando los ven fuertes, felices y llenos de vida, algo dentro de ellos se conmueve.
Demuestra que tu felicidad no depende de ellos.
Sal, camina, comparte con amigos, únete a grupos de tu edad, baila, ríe y haz cosas que te llenen de alegría.
Esa es la mejor forma de enseñarles respeto.

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