Cuando el organismo se prepara para el final, sus necesidades energéticas disminuyen drásticamente.
La persona puede:
- Comer muy poco o rechazar alimentos
- Dormir durante gran parte del día
- Mostrar menor interés por líquidos
Forzar la alimentación puede resultar incómodo e incluso contraproducente. En esta etapa, el enfoque suele centrarse en la hidratación mínima necesaria y en el bienestar general, no en mantener una nutrición convencional.
La pérdida de apetito no siempre indica sufrimiento; muchas veces es parte del apagamiento progresivo del cuerpo.

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