Hay personas que creen que el valor de alguien se mide por lo que tiene, no por lo que es.
Y eso, con el tiempo, te hace sentir pequeño.
Pero los mayores más sabios entienden que la verdadera riqueza está en la paz interior, la salud y los recuerdos compartidos.
No necesitas competir, ni demostrar nada.
Tu valor no depende de tu cuenta bancaria, sino de la calidad de tu corazón.

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