Es devastador reconocer que la barbárica “tradición” de la tauromaquia persiste en 2026. A pesar de la condena mundial, estos espectáculos espantosos continúan azotando a siete países: Ecuador, Francia, México, Perú, Portugal, España y Venezuela.
Una vez dentro del ruedo, el toro atraviesa por tres fases de tormento. Durante la primera fase, conocida como tercio de varas, los picadores montados a caballo clavan lanzas en los músculos de la espalda y el cuello del toro para impedirle levantar la cabeza y embestir. Además, retuercen las lanzas para maximizar la pérdida de sangre, a veces hasta de 6 litros.
En la segunda fase, conocida como el tercio de banderillas, apuñalan al toro ya debilitado con seis arpones en la misma zona donde previamente había sido herido.
En la tercera y última fase, la de muerte, el matador entra para poner fin a la vida del toro exhausto y agonizante. Después de provocar embestidas cada vez más débiles del animal, el matador intenta matarlo con una espada llamada estoque, clavándola repetidamente en la espalda del animal. Sin embargo, a menudo el toro no muere en este punto.
Entonces el matador usa otra espada, llamada verduguillo, para intentar cortar la médula espinal, a veces requiriendo múltiples intentos. Cuando el toro cae al suelo e incapaz de moverse, el matador lo apuñala una o varias veces detrás de la cabeza con una daga llamada puntilla. Si el matador falla y solo lo mutila más, el toro consciente, pero paralizado y sufriendo, puede ser arrastrado fuera del ruedo. En un acto final de barbarie, a menudo le cortan las orejas y la cola como “trofeos”. Luego, lo desuellan, lo descuartizan y lo venden como carne.
Las actitudes hacia la tauromaquia están cambiando. En España, el 84 % de los jóvenes no la apoyan y el 73 % de los mexicanos la consideran un maltrato hacia los animales. Si bien se han logrado avances, con más de 125 ciudades en España y varios estados mexicanos imponiendo prohibiciones, incluida Ciudad de México, el trabajo para ayudar a los toros no ha terminado. La tauromaquia continúa y depende de nosotros poner fin a esta práctica arcaica.
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