Aunque a simple vista parezca algo inofensivo, un piercing en esta zona puede convertirse en un problema serio si no se maneja adecuadamente. Vamos a repasar los riesgos más comunes.
Dientes en peligro
Uno de los mayores problemas es el daño directo que puede causar en los dientes. El constante choque del metal con el esmalte puede provocar pequeñas fracturas, desgaste prematuro o sensibilidad dolorosa al comer alimentos fríos o calientes. Y no es raro que con el tiempo se necesite tratamiento profesional para reparar estos daños.
Encías y lengua inflamadas
El roce continuo también afecta las encías. Estas pueden comenzar a retraerse, exponiendo zonas sensibles del diente. Esto no solo afecta la estética de tu sonrisa, también incrementa el riesgo de infecciones o problemas periodontales. Además, la inflamación puede dificultar el habla, la alimentación e incluso la respiración.
Infecciones graves
La boca es uno de los lugares con más bacterias del cuerpo. Una herida abierta en la lengua es una vía directa de entrada para infecciones, algunas de las cuales pueden extenderse al torrente sanguíneo si no se atienden a tiempo. Es fundamental seguir cuidados estrictos y acudir al médico ante cualquier señal de alarma.
Dificultades funcionales
Los primeros días tras la perforación suelen venir acompañados de molestias: dificultad para hablar con claridad, dolor al masticar, incomodidad al tragar y una hinchazón que puede alarmarte. Todo esto es parte del proceso, pero si se complica, puede poner en riesgo tu salud general.
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