La mujer que había regresado… desde el infierno.
—Buenas noches —dijo con voz tranquila.
Pero sus ojos… no tenían paz.
Entre los invitados, Sebastián y Lucía quedaron paralizados.
—¿Qué… qué hace ella aquí? —susurró Lucía, pálida.
Valeria los miró.
Sonrió.
Una sonrisa lenta… peligrosa.
—Hoy es un día especial —continuó—. Porque todo lo que comienza… también puede terminar.
El silencio se volvió pesado.
—Hace tres años… me arrebataron lo más valioso que tenía —dijo, sin apartar la mirada de ellos—. Y hoy… he vuelto para que paguen cada lágrima.
Sebastián apretó los puños.
—No tienes pruebas de nada —escupió.
Valeria inclinó la cabeza.
—¿De verdad crees eso?
Entonces… levantó la mano.
Y en la pantalla gigante del salón…
Apareció algo que hizo que el rostro de Sebastián se volviera blanco.
Lucía retrocedió.
—No… eso no puede ser…
Valeria dio un paso adelante.
—Esto… apenas comienza.
Pero justo cuando todos pensaban que la verdad saldría a la luz…
Las puertas del salón se abrieron de golpe.
Un hombre desconocido entró corriendo, gritando:
—¡Señorita Victoria… hay algo que debe ver ahora mismo!
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
El hombre dudó un segundo… como si no supiera cómo decirlo.
—Uno de los niños… podría… seguir con vida.
El mundo se detuvo.
Valeria sintió que el corazón le dejó de latir.
—¿Qué… dijiste?
El hombre tragó saliva.
—No murieron todos…
Un silencio mortal cayó sobre el salón.
Y en los ojos de Valeria… por primera vez en tres años…
apareció algo distinto al odio.
Esperanza.
Pero también…
un miedo profundo.
Porque si uno sobrevivió…
Entonces alguien… lo ocultó.
Y eso sol
La traición… era mucho más grande de lo que imaginaba.
Parte 2…
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