Aunque la ciencia apenas comienza a abrirse a esta posibilidad, muchas tradiciones espirituales y culturales ya sostenían esta idea desde hace siglos. Por ejemplo:
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En el budismo tibetano, se cree que el alma permanece en transición durante 49 días antes de reencarnar.
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En muchas culturas indígenas de América Latina, se realizan rituales durante los primeros tres días posteriores al fallecimiento, considerando que el alma aún está presente.
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En el cristianismo ortodoxo, se celebra un servicio especial al tercer día tras la muerte, coincidiendo con la supuesta elevación del alma.
Estas coincidencias culturales son, cuando menos, sorprendentes. ¿Podría la ciencia moderna estar confirmando lo que la sabiduría ancestral ya sabía?
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