EL DÍA EN QUE EL PASADO LO ALCANZÓ
Adrián Mora no recordaba la última vez que había sentido el pecho tan ligero, como si el mundo estuviera perfectamente alineado a su favor.
Aquella noche conducía su coche elegante por avenidas iluminadas, convencido de que había tomado las decisiones correctas.
Su carrera prosperaba.
Los contratos llegaban solos.
Y a su lado viajaba una mujer hermosa, impecable, que no pedía explicaciones ni exigía promesas.
Eso era estabilidad.
Eso era éxito.
—No puedo creer que hayas conseguido mesa esta noche —dijo su prometida mientras se acomodaba el cabello en el espejo—. Hay listas de espera de meses.
Adrián sonrió con esa seguridad entrenada que usaba en reuniones y relaciones por igual.
El dinero abría puertas.
El silencio evitaba complicaciones.
El semáforo cambió a rojo.
Leave a Comment