Pero justo cuando creí que todo estaba bajo control… el timbre sonó. Y lo que apareció tras la puerta cambiaría todo lo que él creía conocer sobre mí.
Parte 2 …

Entonces sonó el timbre.
Héctor frunció el ceño.
Sonó una segunda vez… más larga.
Y una voz al otro lado de la puerta dijo:
—Policía Federal. Señor Torres, abra, por favor.
Héctor me miró primero a mí.
Después a la puerta.
Como si necesitara decidir en menos de dos segundos qué máscara ponerse.
Eligió la indignación.
Siempre elegía esa cuando estaba acorralado.
—¿Qué has hecho? —preguntó en voz baja, apretando la mandíbula.
—Abrir los ojos —le respondí.
El timbre volvió a sonar.
Él se alisó la chaqueta, se tocó el reloj nuevo con gesto instintivo y abrió.
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