“Te Doy 50 Mil Por Una Noche Conmigo”, Dijo la Viuda en Juárez — Pero Temblé al Ver Sus Cicatrices…

“Te Doy 50 Mil Por Una Noche Conmigo”, Dijo la Viuda en Juárez — Pero Temblé al Ver Sus Cicatrices…

O tal vez fue simplemente el dinero que ya estaba en mi bolsillo. O tal vez fue que por primera vez en muchos años de soledad en la carretera, alguien realmente me necesitaba para algo, aunque todavía no supiera exactamente para qué me necesitaba. Pasamos la primera hora completa en silencio incómodo y pesado. Ella se duchó durante mucho tiempo en el baño pequeño y yo me quedé sentado en la silla mirando fijamente la puerta de entrada, preguntándome seriamente si debía salir corriendo de ahí antes de que fuera demasiado tarde.

Pero no lo hice, no me moví. Cuando finalmente salió del baño envuelta en vapor, llevaba puesta una bata blanca del hotel que le quedaba grande y su cabello negro mojado caía en mechones sobre sus hombros delgados. Se veía más joven así, más frágil, más vulnerable. Se sentó de nuevo en la cama con las piernas cruzadas y me miró fijamente durante un largo rato antes de hablar. ¿Tienes familia esperándote en algún lugar?”, preguntó con curiosidad genuina. “No”, respondí secamente.

“¿Y tú?” Ella sonrió con una tristeza profunda que me dolió verla. Ya no, ya no me queda nadie. Hubo algo en la forma precisa en que lo dijo, en el tono de su voz que me hizo sentir con certeza que había perdido a alguien muy importante recientemente, alguien que amaba. Lo siento mucho”, dije sinceramente. Ella asintió despacio. “Yo también lo siento. Cada día lo siento.” Entonces sacó una botella de whisky barato de su bolso de piel y sirvió cuidadosamente dos vasos de plástico.

“Por los que ya no están con nosotros”, dijo levantando su vaso tembloroso. Brindamos en silencio. Bebimos. El whisky quemaba la garganta y, por un momento breve, olvidé completamente las cicatrices terribles en su espalda, pero solo por un momento fugaz. A medianoche exacta escuché pasos pesados en el pasillo exterior. No eran pasos normales de huéspedes cansados regresando a sus habitaciones. Eran pasos lentos, deliberados, calculados, como si alguien estuviera buscando metódicamente algo específico o a alguien específico. Sofía se tensó de inmediato como un animal acorralado.

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