Hay alimentos que pasan desapercibidos en el mercado, apilados casi con indiferencia entre las patatas y las zanahorias. La remolacha es uno de ellos. Su aspecto terroso, su color tan intenso que parece artificial, su textura firme… No grita para que la compremos, no tiene campañas publicitarias ni envases llamativos. Y sin embargo, cuando la ciencia y la sabiduría popular se asoman a su interior, descubren un concentrado de salud tan poderoso que cuesta creer que haya estado siempre ahí, esperando.
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