3.
El Doctor Villalobos gritó horrorizado: “¡Deténganlo! ¡Le va a causar un trauma cervical post-mortem!”
- Al dar la cuarta palmada, Mateo llevó su mano derecha debajo de la mandíbula del bebé, justo donde el aceite había lubricado la piel, y dio un empuje rápido, ascendente y sumamente preciso.
Un objeto pequeño, duro y rojo salió disparado de la boca del bebé.
La semilla de ojo de venado voló por los aires y golpeó el impoluto suelo de mármol del hospital con un chasquido seco que resonó como un disparo en la habitación.
Durante 1 segundo que pareció durar una eternidad, absolutamente nadie se movió. El aire se contuvo.
Y luego—
Un llanto.
Agudo. Fuerte. Claro. Lleno de vida.
El monitor cardíaco saltó de la línea plana y volvió a la vida de golpe, trazando líneas verdes irregulares que subían y bajaban con fuerza.
Pitidos.
Respiración acelerada.
Vida.
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