Tasha no se movió.

Tasha no se movió.

—Sí. Yo.

—¿Qué es esto? ¿Trajiste refuerzos? —intentó burlarse—. ¿Quién crees que eres?

Tasha inclinó ligeramente la cabeza.

—Esa es la pregunta equivocada.

Dio un paso más cerca.

—La pregunta correcta es… ¿por qué no lo supiste antes?

Henderson tragó saliva.

—No entiendo de qué hablas.

Uno de los agentes extendió una tableta digital.

—Identificación confirmada. Comandante Tasha Mitchell. División de Control Interno Federal. Unidad especial de investigación.

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

El oficial sintió cómo el suelo desaparecía bajo sus pies.

—No… no puede ser…

Tasha no apartó la mirada.

—¿Recuerdas cuando dijiste que eras la ley?

Él no respondió.

No podía.

—Te equivocaste —continuó ella—. Yo soy la que investiga cuando la ley se corrompe.

Henderson dio un paso atrás.

—Esto es un error…

—No —dijo Tasha—. Esto es consecuencia.

Las esposas hicieron clic.

Ese sonido seco.

Definitivo.

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