¿Llamas privacidad a insultarla? ¿Estás entendiendo mal las cosas? No. Te voy a preguntar una última vez. La trataste mal. Ella se mordió el labio. Las manos empezaban a temblarle. Nunca antes él la había llevado hasta ese límite. En el pasado, cualquier discusión terminaba con Adrián cediendo, siendo comprensivo, creyéndole, pero esta vez ya no era ese hombre. Yo a veces me desesperaba un poco. Tu mamá es difícil, pero jamás fue con mala intención. La voz de Adrián bajó dura como piedra.
Tirar su comida al fregadero fue desesperarte un poco. Mandarla a comer al cuarto de lavado fue sin mala intención. Verónica se puso pálida. Sabía que él ya lo había visto todo. Sabía que no tenía salida, pero aún así intentó retener lo último que le quedaba de control. No exageres. Las personas mayores son complicadas. Yo solo quería enseñarle un poco de orden. Basta, dijo Adrián. no levantó la voz, pero aquella sola palabra sonó como una puerta cerrándose para siempre.
Y por primera vez, Verónica vio el final reflejado en los ojos del hombre que tenía delante. Nunca había visto a Adrián con esa dureza, casi como si fuera un desconocido. Trató sonreír, aunque la voz le vibraba. En serio, ¿vas a actuar así solo por unos videos? ¿Y tú crees que tu mamá es una santa? ¿Sabes cuántas veces me ha criticado? Cuántas veces me ha hecho sentir mal. Verónica respiró agitadamente, aferrándose a cualquier excusa que pudiera construir. Tu mamá siempre quiere controlar todo.
Se mete en cómo cocino, en cómo me visto. Yo también he aguantado mucho. ¿Y eso te da derecho a ser cruel con ella? La frase de Adrián fue tan cortante que casi le cerró la garganta. Verónica lo miró con rabia y desconcierto. Se daba cuenta de que sus justificaciones se estaban derrumbando una tras otra, pero su orgullo no le permitía rendirse. “La estás defendiendo demasiado. Tu mamá no es un ángel. Yo también tengo mi versión.” “¿La tienes?”, respondió Adrián asintiendo con frialdad.
“Y aquí está.” Empujó hacia ella un montón de hojas impresas. Eran mensajes y notas escritas por ella misma. Ahí aparecían frases despectivas sobre doña Mercedes. Vieja loca, campesina, deberían sacarla de esta casa. Eso era tu versión. El rostro de Verónica se puso blanco por un instante, pero enseguida intentó reaccionar. Eso eran desahogos. Todo el mundo se molesta a veces. No puedes usar eso en mi contra. También era un desahogo cuando escribiste que estabas reuniendo pruebas para mandar a mi madre a un asilo.
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