Ramiro tendría 31 años. Lucía 23. Las imágenes se difundieron en redes sociales, en programas de televisión, en carteles por todo el país. Miles de personas las compartieron. Algunos reportaron haber visto a alguien parecido a Ramiro trabajando en una construcción en Monterrey. Otros dijeron haber visto a una mujer joven parecida a Lucía en un mercado de Veracruz.
Pero cada pista resultaba ser falsa. Eran personas que se parecían, pero no eran ellos. Mientras tanto, los investigadores intentaban reconstruir lo que había pasado aquella mañana del 14 de abril de 2012. Analizaron la ubicación de la camioneta, la posición de los cuerpos y los testimonios antiguos de personas que vivían en la zona.
La teoría que emergió era la siguiente. Los Salazar iban por el camino de Terracería, probablemente a unos 10 o 15 km de su destino, cuando se toparon con un retén ilegal. hombres armados, posiblemente de algún grupo criminal que operaba en la zona. Los detuvieron, les pidieron dinero, documentos o información sobre algo. Don Héctor, siendo un hombre honesto y campesino, probablemente intentó explicar que solo iban a visitar a un familiar, que no tenían nada de valor, pero eso no importó.
Los victimarios decidieron registrar la camioneta. Tal vez buscaban armas, drogas o dinero. No encontraron nada porque no había nada que encontrar. Los Salazar eran exactamente lo que parecían, una familia humilde en un viaje inocente. Entonces, ¿por qué los mataron? probablemente porque los vieron, porque sabían quiénes eran, porque en la lógica retorcida del crimen organizado dejar testigos era un riesgo o simplemente porque podían.
Porque en aquellos años de violencia desatada, la vida humana había perdido valor. Los investigadores creen que don Héctor y doña Elisa fueron ejecutados en el lugar o cerca de ahí. Luego sus cuerpos fueron arrastrados unos metros hasta donde los encontraron y enterrados apresuradamente. La camioneta fue conducida hasta el lugar donde la descubrieron, probablemente con la intención de ocultarla, y luego fue abandonada.
Y Ramiro y Lucía los llevaron. La pregunta era, ¿a dónde por qué? La Fiscalía revisó archivos de desapariciones de aquellos años buscando patrones. Descubrieron que entre 2011 y 2013, al menos 15 jóvenes de entre 10 y 25 años habían desaparecido en circunstancias similares en la región. Algunos viajaban con sus familias, otros iban solos.
Ninguno fue encontrado. Había testimonios de personas que habían escapado de grupos criminales y que hablaban de campamentos en la sierra, lugares donde mantenían a personas secuestradas, obligándolas a trabajar. Algunos testimonios mencionaban que a los niños y jóvenes los mantenían separados, entrenándolos para diferentes funciones dentro de la organización.
¿Era posible que Ramiro y Lucía hubieran pasado por eso? La investigación también reveló algo más. En 2013, un año después de la desaparición de los Salazar, hubo un enfrentamiento importante entre grupos criminales en esa misma zona. Murieron decenas de personas. Algunos cuerpos fueron encontrados, muchos otros no. Es posible que Ramiro y Lucía murieran en aquel enfrentamiento o que hayan sido ejecutados antes o después, o que hayan sido trasladados a otro estado y sus rastros se perdieran para siempre en el laberinto de violencia que era México en
aquellos años. La verdad es que nadie lo sabe con certeza. En noviembre de 2024, la familia Salazar finalmente pudo darle sepultura a don Héctor y doña Elisa. Fue una ceremonia pequeña, íntima en el cementerio municipal de Cuatro Ciénegas. Asistieron familiares, vecinos de elegido, miembros del colectivo de búsqueda y algunos periodistas que habían seguido el caso.
Don Martín y don Vicente cargaron el ataúd Héctor. Ambos lloraban en silencio, recordando a su amigo, al hombre que trabajaba duro y nunca se quejaba, recordando las tardes compartidas, los favores mutuos, las conversaciones simples sobre el clima y las cosechas. En el ataú de doña Elisa colocaron una fotografía de Ramiro y Lucía, porque aunque sus cuerpos no estaban ahí, la familia quería queestuvieran presentes de alguna manera.
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