Valeria dejó la mochila en el suelo.
—Estoy cansada.
—Siéntate.
Lo dijo con ese tono que convertía cualquier resistencia en amenaza.
Valeria obedeció.
Norma deslizó la carpeta hacia ella. Dentro había una carta membretada con el logotipo de Reyes Tech. Una invitación formal. Martes, diez de la mañana, oficina central.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué es esto?
Karla soltó una risita.
—El señor multimillonario en silla de ruedas quiere conocerte. Qué romántico, ¿no?
—No digas tonterías —espetó Norma, aunque sonreía—. Esto es una oportunidad. Una de verdad. Y no vamos a arruinarla.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿De qué están hablando?
Norma apoyó los codos sobre la mesa.
—Estoy hablando de que vas a hacer exactamente lo que te pidan. Vas a comportarte, a sonreír, a firmar si hay que firmar, y vas a dejar de actuar como si tuvieras opciones.
—¿Firmar qué?
—Lo que sea necesario para que esta familia salga de la miseria.
Entonces Valeria comprendió. No del todo, pero lo suficiente.
—¿Quieres obligarme a casarme con él?
Leave a Comment