¡Un SICARIO traiciona a Pablo Escobar por dinero… y la respuesta de Escobar sorprende a todos!
Pero gradualmente esa furia inicial comenzó a transformarse en algo mucho más peligroso, una frialdad calculadora que sus subordinados habían aprendido a temer mucho más que sus explosiones de ira. Escobar se sentó en silencio durante casi dos horas, pensando, planificando, diseñando una respuesta que sería recordada durante décadas como una de las venganzas más sofisticadas y brutales en la historia del crimen organizado.
Cuando el flaco regresó de su misión ficticia, fue recibido con la misma cordialidad de siempre. Escobar no mostró ni la más mínima señal de sospecha. le agradeció por su trabajo y le dijo que la reunión se llevaría a cabo según lo planeado originalmente en la finca de las montañas de Antioquia. El sicario traidor se sintió aliviado, creyendo que había superado cualquier sospecha que pudiera haber existido, sin saber que cada momento de esa conversación estaba siendo grabado y que cada palabra que dijera sería utilizada como evidencia en el juicio que Escobar
ya había decidido llevar a cabo en su contra. Durante los siguientes dos días, el capo actuó con normalidad absoluta, incluso mostrándose más cariñoso y confiado con el flaco que en meses anteriores, elogiando su lealtad y hablando de los grandes planes que tenía para él en el futuro de la organización. La mañana de la reunión, Escobar le pidió a el flaco que llegara temprano a la finca para coordinar personalmente las medidas de seguridad.
El sicario, sintiéndose completamente seguro y confiado en que su traición seguía sin ser detectada, llegó al lugar 2 horas antes de la hora programada para el encuentro. Lo que encontró allí lo dejó helado. En lugar de los preparativos normales para una reunión de alta seguridad, se encontró con una escena que parecía sacada de una pesadilla.
En el centro del patio principal de la finca había una silla de madera rodeada de antorchas encendidas y alrededor de ella estaban formados en círculo todos los hombres de confianza de Escobar, armados hasta los dientes y con expresiones que no dejaban lugar a dudas sobre lo que estaba a punto de suceder. Pablo Escobar apareció desde las sombras del edificio principal, caminando lentamente con una sonrisa que no llegaba a sus ojos y llevando en la mano una grabadora portátil.
Sin decir una palabra, presionó el botón de reproducción y la voz de el flaco llenó el aire matutino, transmitiendo las coordenadas falsas que había recibido días antes. El sicario entendió inmediatamente que su traición había sido descubierta y que se encontraba en el lugar más peligroso del mundo para alguien en su situación.
Pero lo que vino después superó incluso sus peores expectativas sobre cómo reaccionaría Escobar ante su traición. En lugar de la explosión de violencia que esperaba, el capo se acercó a él con una calma que resultaba mucho más aterradora que cualquier grito o amenaza. “¿Sabes qué es lo que más me duele de todo esto?”, le preguntó Escobar con una voz que sonaba casi paternal.
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