En un mundo marcado por la creciente polarización y el estruendo de los conflictos armados, la voz de Luiz Inácio Lula da Silva ha resonado con una fuerza inusitada en el escenario internacional. El presidente de Brasil, conocido por su capacidad retórica y su liderazgo en el Sur Global, ha pronunciado uno de los discursos más apasionados e implacables de su carrera reciente. Cargado de una indignación que calificó como “humana, democrática y presidencial”, Lula lanzó una crítica sistémica a la arquitectura de poder global, cuestionando desde la inoperancia de las Naciones Unidas hasta la voracidad de las potencias por los recursos naturales de los países en desarrollo.

El mandatario brasileño no se anduvo con rodeos. Desde los primeros minutos de su intervención , expresó su “extrema preocupación” por el estado actual del planeta, señalando que vivimos la mayor concentración de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial. La cifra que puso sobre la mesa es tan gélida como alarmante: 2.7 billones de dólares gastados en armas y guerras solo en el último año, mientras 630 millones de personas padecen hambre y millones más carecen de educación y vivienda digna. “Es necesario parar y reflexionar sobre nuestros comportamientos”, instó Lula, recordando que las naciones ya no son colonias y que la soberanía nacional es un derecho innegociable .
El fracaso de la ONU y el fin del multilateralismo
Uno de los puntos más agudos de su discurso fue el ataque directo a la estructura de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Lula denunció lo que considera una “falta total y absoluta de funcionamiento” del Consejo de Seguridad. Con una lógica aplastante, señaló la ironía de que los miembros permanentes, creados para mantener la paz, sean precisamente quienes hoy protagonizan o fomentan las guerras .
El presidente brasileño exigió una renovación urgente del Consejo para incluir a países que representen la realidad actual del mundo, y no la de 1945. Su indignación se centró en la pasividad ante crisis humanitarias y conflictos en Gaza, Irak, Libia, Ucrania e Irán . “¿Cuándo vamos a decirles que lo que queremos es volver a una relación civilizada entre las naciones?”, preguntó, advirtiendo que el fin del multilateralismo solo garantiza la perpetuación de la pobreza en el mundo en desarrollo.
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