Vio el reflejo de un recuerdo cayéndole encima como un golpe. Años atrás, en una carretera extranjera, ella no había logrado salvar a un soldado apenas mayor de edad que llevaba un llavero infantil colgado al chaleco. Nunca se lo contó a nadie, pero en ese instante el pasado volvió con una violencia brutal.
Elena respiró, pero el aire no le alcanzó.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Elena.
Ella no respondió.
—Elena, mírame.
Sus ojos por fin encontraron los de él.
Y Adrián hizo por ella lo mismo que ella había hecho por todos tantas veces: le devolvió estructura al caos.
—Uno. Respira. Dos. Tú llevas vía aérea pediátrica. Yo tomo triage. No estás sola.
Algo en la voz de Adrián, firme y limpia, logró romper el hielo que la estaba atrapando.
Elena parpadeó.
Respiró otra vez.
Y volvió.
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