Quítate de mi camino, viejo inútil, antes de que te pase por encima con mi camioneta. Rugió el coronel Héctor Salazar, estrellando su hammer negra contra el puesto de frutas de madera. Las naranjas rodaron por el pavimento como planetas caóticos. Don Ramiro Medina, de 76 años, cayó de espaldas golpeándose la cabeza contra el asfalto caliente. Sangre manaba de una herida en su 100.
El coronel ni siquiera frenó. se bajó del vehículo con lentes oscuros y sonrisa arrogante. Pisó deliberadamente las frutas, aplastándolas mientras el anciano gemía en el suelo. Lo que este militar corrupto, sin honor, no sabía, era que acababa de humillar al padre de la mayor Daniela Medina y la capitán Lucía Medina. Su error le costaría todo. San Martín de los Andes era un pueblo fronterizo donde todos conocían a todos. Don Ramiro había vendido frutas en esa misma esquina durante 43 años.
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