PARTE 1
“Claro… igualita que su mamá: arruinándole la vida antes de empezar.”
Eso fue lo que escuché detrás de mí, apenas en un susurro, pero lo bastante fuerte para atravesarme como un cuchillo.
Tenía treinta y cinco años la noche en que mi hijo se graduó de la preparatoria. El auditorio de la escuela en Puebla estaba lleno hasta el tope: ramos de flores envueltos en celofán brillante, familias acomodándose para tomar fotos, niños corriendo entre las filas y señoras perfumadas hablando de universidades, becas y futuros perfectos. Todos sonreían como si ese fuera el final feliz que llevaban años esperando.
Yo estaba sola en la tercera fila.
Llevaba un vestido sencillo que me había comprado en oferta y unos zapatos que me estaban matando. A mis pies, junto a mi bolsa, había una pañalera rosa que no combinaba con nada de esa noche… ni con la idea que los demás tenían de nosotros.
Leave a Comment