¿Crees que puedes jugar conmigo? Gruñó Brad apretando los puños hasta que los nudillos crujieron. ¿Crees que tu actuación de niña tranquila funcionará aquí en Lincoln High? Emily levantó lentamente la cabeza y algo en sus ojos hizo que la multitud contuviera la respiración. Un destello frío, nada parecido al miedo. No estoy jugando, Brad. Su voz era sorprendentemente calmada. Solo esperaba que no me obligaras a mostrar quién soy realmente.
¿Y quién eres exactamente? Dijo él burlándose de ella, sin darse cuenta de que en 5 minutos estaría tirado en el suelo y toda la escuela estaría hablando de lo que había sucedido. Todo comenzó el lunes por la mañana en Lincoln High, en el pequeño pueblo de Maplewood, Ohio. La niebla aún se aferraba al suelo cuando Emily Harris, de 16 años, cruzó el umbral de su nueva escuela.
Su familia acababa de mudarse de Detroit después de que su madre consiguiera un empleo en el hospital local. Y para Emily, este era el cuarto cambio en los últimos 3 años. A simple vista no había nada notable en ella. Estatura media delgada con el cabello castaño recogido en una simple coleta, vestida con jeans comunes y una sudadera gris. Intentaba pasar desapercibida, no destacar, hablar en voz baja cuando los maestros se dirigían a ella. Pero lo que nadie sabía podría haber sorprendido a cada persona en esa escuela.
Leave a Comment