El terrateniente que dijo que solo le quedaba un año de vida en arabe

El terrateniente que dijo que solo le quedaba un año de vida en arabe

—Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo, dame un hijo y tu familia nunca volverá a tener problemas económicos.

La joven levantó la mirada y se quedó en silencio.

Tenía apenas veinte años. Sus manos olían a leche y heno, y sus botas todavía estaban cubiertas de barro después de un largo día de trabajo en la granja.

Vivía con su madre enferma en una pequeña casa de madera, vieja y fría. Su padre estaba en prisión por unas deudas que jamás había podido pagar.

En el pueblo se hablaba mucho de ellos.

Pero nadie conocía toda la verdad.

No tenían suficiente comida. No tenían dinero para medicamentos. Y algunas noches, la joven y su madre se acostaban con el estómago vacío.

Cada mañana, antes del amanecer, la muchacha se levantaba para trabajar.

Cuidaba las vacas, ordeñaba la leche, limpiaba los establos y trabajaba hasta que el sol desaparecía detrás de las montañas.

Todo lo que ganaba apenas alcanzaba para comprar pan.

Su madre, mientras tanto, se debilitaba cada día.

Los medicamentos eran demasiado caros.

A veces, al regresar a casa, la joven se sentaba junto a la ventana y observaba el camino en silencio.

Se preguntaba cuánto tiempo más podrían sobrevivir así.

Hasta que un día apareció un hombre que cambiaría su vida para siempre.

Tenía alrededor de cuarenta años.

Era un terrateniente extremadamente rico, dueño de enormes campos y numerosas propiedades.

Llegó en un automóvil elegante y vestía un traje que probablemente costaba más que todo lo que la familia poseía.

Su mirada era fría y segura.

Era un hombre acostumbrado a conseguir todo lo que quería.

Entró en la pequeña casa y, sin perder tiempo, dijo:

—Puedo sacar a tu padre de prisión.

La joven lo miró sorprendida.

—¿Cómo?

parte2

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