La verdad dejó de depender de mi voz en cuanto la puse en manos de un proceso que otros no podían controlar.
Alguien apagó la música.
El silencio hizo que cada respiración pareciera una declaración.
Me dolió aceptar que la traición no siempre entra rompiendo una puerta.
A veces tiene llave, apellido y asiento reservado en la mesa.
Vi con claridad quién quería saber la verdad y quién solo quería sobrevivir al escándalo.
Hice capturas, exporté el registro y lo envié fuera del grupo familiar.
Si alguien borraba algo después, el borrado también se convertiría en evidencia.
El proceso legal tomó su camino.
Yo tomé el mío.
Por primera vez no eran el mismo.
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