Clara no tenía abogado. No tenía ahorros para contratar uno. Nadie que hablara por ella.
Al mundo le encantan los escándalos, sobre todo cuando hay riqueza y traición de por medio, y el público devoró la historia con avidez. Los comentaristas de televisión y redes sociales la retrataron como una criada manipuladora cegada por la avaricia. La narrativa se fue construyendo sin pruebas.
Para Clara, el mayor dolor no fue la acusación, sino la pérdida de Ethan. Ella lo había ayudado a criarlo desde pequeño, leyéndole cuentos, consolándolo por las noches y brindándole apoyo en un duelo que él era demasiado joven para comprender.
Y ahora, ni siquiera podía verlo.
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