Una humillación pública
El silencio se apoderó del lugar. Los invitados no daban crédito a lo que escuchaban. Alguien intentó intervenir, preguntándole si hablaba en serio, pero ella se limitó a encogerse de hombros y responder con desdén:
“¿Qué esperaban? ¿Que realmente me iba a casar con un hombre 50 años mayor que yo?”
El hombre permaneció en silencio. No fueron las palabras sobre el dinero las que más lo lastimaron, sino la certeza de que durante meses había sido engañado por alguien en quien depositó toda su confianza. La persona a la que había abierto su corazón nunca había existido: era solo un personaje.
Alina abrió la puerta del auto y anunció que se marchaba sola. Cuando él intentó subir, ella lo empujó con brusquedad frente a todos los presentes. Los invitados observaban la escena horrorizados, mientras la joven se alejaba convencida de haber ganado la partida.
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