Me casé con un anciano para salvar la vida de mi padre
De pronto, saca su teléfono móvil y comienza a grabarme. Rodea la cama lentamente, buscando distintos ángulos con la tranquilidad de quien realiza una rutina perfectamente ensayada. Después coloca una cámara sobre un trípode, enciende su ordenador portátil y abre una página web.
En cuanto la pantalla se ilumina, siento un nudo en el estómago.
Hay decenas, quizá cientos de videos. La misma habitación. La misma iluminación. La misma cama. La misma escena una y otra vez. Lo único que cambia son las jóvenes que aparecen inconscientes, completamente indefensas. Debajo de cada grabación, miles de comentarios y donaciones de personas que pagan por contemplar aquel espectáculo macabro.
En ese instante todas las piezas encajan.
Así fue como amasó su fortuna.
Yo no era la primera víctima… y, seguramente, tampoco sería la última. Todas aquellas condiciones que me obligó a aceptar nunca fueron un simple acuerdo, sino una trampa cuidadosamente preparada para mantenerme prisionera.
Las manos me tiemblan, pero me obligo a seguir viendo la grabación. Necesito conocer toda la verdad, hasta el último detalle. Cuando el video termina, ya no tengo ninguna duda: debo escapar cuanto antes.
Recojo a toda prisa lo imprescindible, guardo mis documentos y mi teléfono, sin pensar siquiera en el supuesto contrato. Ahora sé que ese papel no tiene ningún valor. Si permanezco en esa casa, acabaré desapareciendo igual que las chicas que aparecían en aquellas grabaciones.
Espero en silencio hasta verlo marcharse. Desde la ventana observo cómo su automóvil cruza el portón y desaparece al final del camino. En ese momento un miedo helado recorre todo mi cuerpo, porque comprendo que solo tendré una oportunidad.
Salgo de la habitación con extremo cuidado, procurando no hacer el más mínimo ruido. Cada paso parece interminable. Mi corazón late con tanta fuerza que temo que cualquiera pueda escucharlo. Aun así, no me detengo. Abro la puerta principal y echo a correr desesperadamente hacia el exterior.

Leave a Comment