A partir de los 60 años, el cuerpo ya no responde igual a los alimentos que comíamos sin problema a los 30 o 40. El metabolismo se hace más lento, la masa muscular disminuye, la sensibilidad a la insulina cambia y los órganos –sobre todo corazón, cerebro, hígado y riñones– necesitan más atención.
Por eso, aunque solemos escuchar que “todas las verduras son buenas”, la realidad es más compleja. Hay verduras que son verdaderos escudos protectores para el adulto mayor… y otras que, consumidas sin control o mal preparadas, pueden comportarse como un verdadero enemigo silencioso, incluso más dañino que el alcohol en ciertos contextos de salud.
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