Mi nuera planeaba tirarme a un asilo apenas despertara del coma… ¡y ni imaginaba que escuché todo…

Mi nuera planeaba tirarme a un asilo apenas despertara del coma… ¡y ni imaginaba que escuché todo…

Desperté del coma y escuché a mi nuera decir, “En cuanto se muera la vieja, va directo a un asilo.” Fingí seguir inconsciente. Al día siguiente vinieron a buscarme al hospital, pero yo ya estaba lejos con mi esposo, mi pasaporte y la carta que los dejó completamente helados. Hay momentos en la vida donde todo cambia en un segundo, donde la persona que creía ser desaparece y nace alguien completamente distinto. Para mí, ese momento llegó en la oscuridad de una habitación de hospital con el sonido monótono de las máquinas y el olor a desinfectante pegándose a mi piel.

Me llamo Catalina, tengo 68 años y durante 12 días estuve atrapada en un coma que, según los médicos, pudo haberme matado. Un derrame cerebral fulminante que me dejó tendida en el piso de mi propia cocina, rodeada de los frijoles que estaba cocinando para la comida del domingo. Rodrigo, mi único hijo, me encontró horas después. O eso me dijeron cuando finalmente desperté, pero despertar no fue como en las películas. No abrí los ojos de golpe ni me senté en la cama pidiendo agua.

Fue lento, confuso, como nadar hacia la superficie desde el fondo de un lago oscuro. Primero escuché voces distantes, luego sentí el peso de mi propio cuerpo y finalmente, con un esfuerzo que me pareció sobrehumano, logré entreabrir los párpados apenas lo suficiente para ver la luz del pasillo filtrándose por debajo de la puerta. Estaba sola en la habitación, o eso pensé. Entonces la escuché. La voz de Vanessa, mi nuera, susurrando con urgencia al teléfono. Estaba de pie junto a la ventana, dándome la espalda con ese cabello teñido de rubio platino que siempre me pareció demasiado artificial.

Llevaba puesta una blusa de seda color vino que yo misma le regalé en su último cumpleaños. No, amor, tranquilo. Decía con esa voz dulce que usaba cuando quería algo. Los médicos dijeron que puede ser cualquier día. Ya son 12 días. Su cerebro está muy dañado. Mi corazón, que apenas había comenzado a latir con normalidad, se aceleró. Intenté moverme, decir algo, pero mi cuerpo no respondía. Era como estar encerrada dentro de mí misma. Escucha. continuó Vanessa y su voz perdió toda la dulzura.

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