Capítulo 1: La niña junto al muro
Había pasado años viviendo dentro del silencio que siguió al accidente.
Cuando tenía diez años, un incendio tomó a mis padres y me dejó incapaz de caminar. La gente siempre hablaba de ello con cuidado, como si mi vida estuviera hecha de vidrio. Los profesores bajaron la voz a mi alrededor. Los vecinos sonrieron con lástima. Los compañeros de clase trataron mi silla de ruedas como una pared que no sabían cómo cruzar.
Cuando llegó el baile, decidí ir.
No porque esperaba magia. No porque yo creyera que la noche cambiaría cualquier cosa. Fui porque una parte obstinada de mí quería una noche donde no era solo la chica de la tragedia.
Pero a medida que la música llenaba el gimnasio decorado y las parejas giraban bajo luces plateadas, me senté cerca de la pared, con las manos dobladas en mi regazo, sintiéndome más invisible que nunca.
Entonces un niño llamado Daniel caminó hacia mí.
Y con una sonrisa suave, preguntó: “¿Bailarías conmigo?”
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