Hay palabras que atraviesan el alma como cuchillos. Palabras que no se olvidan jamás, aunque pasen décadas.
Una de esas palabras fue “sirvienta”, gritada por una mujer hacia mi hija en el día de su boda, mientras su flamante esposo aplaudía como si fuera un espectáculo digno de celebración.
Y lo que hice después con ese micrófono cambió el rumbo de nuestras vidas.
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