Su madre la vio con el hueso roto y le mintió al doctor para proteger al padrastro. No imaginaban el oscuro secreto millonario que la niña de 16 años estaba a punto de destapar…

Su madre la vio con el hueso roto y le mintió al doctor para proteger al padrastro. No imaginaban el oscuro secreto millonario que la niña de 16 años estaba a punto de destapar…

PARTE 1

“Se cayó por las escaleras”, dijo Elena con una tranquilidad que helaba la sangre. Sofía, de 16 años, sostenía su brazo derecho, el cual colgaba en un ángulo antinatural, mientras luchaba por no desmayarse del dolor en la sala de urgencias del Hospital Civil en Guadalajara.

La enfermera de guardia la observó con evidente escepticismo. Sofía tenía el labio partido, el pómulo derecho severamente inflamado y, lo más revelador, marcas amoratadas en el cuello que simulaban la presión exacta de 2 manos enormes. Absolutamente ninguna caída por unas escaleras dejaba ese tipo de huellas. Sin embargo, Elena sonreía con una mueca de disculpa hacia el personal médico, como si estuviera justificando las travesuras de 1 niña pequeña y torpe.

“Es muy distraída”, añadió Elena, acomodándose el bolso de diseñador. “Siempre anda tropezando y golpeándose con todo.”

Sofía mantenía la mirada clavada en el piso de linóleo. No guardaba silencio por timidez, sino porque Arturo le había enseñado a base de terror que abrir la boca tenía un precio demasiado alto.

Arturo no era su padre. Era su padrastro y el dueño de 1 conocido taller mecánico en la colonia, un hombre corpulento al que todos los vecinos saludaban con extremo respeto. Los domingos por la mañana, él solía comprar barbacoa para compartir con la calle entera y siempre estaba dispuesto a reparar el coche de algún conocido sin cobrar la mano de obra. Para todo el barrio, Elena se había sacado la lotería al casarse con un hombre tan trabajador y noble tras haber quedado viuda.

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