A medida que pasan los años y llegamos a la etapa dorada, muchas verdades profundas se revelan. Una de ellas, quizás la más dura de aceptar, es que después de los sesenta, el apoyo diario no siempre proviene de la familia.
No significa que el amor desaparezca, sino que la rutina cambia, las prioridades se transforman y los vĂnculos evolucionan naturalmente.
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