Una cámara subterránea llena de símbolos
Tras descender más de cincuenta escalones, los pies del joven tocaron un suelo de piedra. La linterna reveló una habitación circular subterránea cuyos muros estaban cubiertos de símbolos y dibujos incomprensibles. En el centro había una segunda puerta, hecha de un material blanco similar al hueso, sin manija, solo con una hendidura con forma de mano.
Al presionar la palma contra la superficie, la puerta se abrió lentamente. Lo que Daniel vio a continuación lo hizo gritar: una enorme sala llena de cientos de recipientes de vidrio, en cuyo interior flotaban formas que recordaban a pequeñas figuras humanas.
El contenedor en el centro de la sala
En medio de la enorme habitación había un pesado contenedor industrial cubierto por una capa de polvo. Daniel se acercó con precaución, respiró hondo y levantó la tapa. Se quedó paralizado: el contenedor estaba repleto de lingotes de oro.
—Abuelo… ¿qué has hecho? —susurró.
Pero los descubrimientos apenas comenzaban. Junto al contenedor había un viejo armario metálico entreabierto. En su interior se apilaban carpetas gruesas, cuadernos de laboratorio, fotografías y documentos oficiales.
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