Hay personas que pueden tener Helicobacter pylori sin mostrar ningún síntoma, pero en otros casos el cuerpo empieza a mandar señales de alerta. Entre las más comunes están el dolor o ardor en la parte superior del abdomen, sensación de llenura después de comer muy poco, gases, eructos frecuentes, pérdida del apetito, náuseas y, en casos más avanzados, vómitos con sangre o heces oscuras.
Un detalle importante es que estos síntomas se confunden fácilmente con una simple gastritis o indigestión, por lo que muchas personas pasan meses o años sin saber que la bacteria está ahí, irritando el estómago día tras día.
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