El fiscal Raúl Mendizábal palideció al escuchar el apellido. Dr. Aurelio Mendizábal, ese era mi padre, completó el fiscal con voz quebrada. Mi padre murió hace 10 años llevándose muchos secretos a la tumba, pero antes de morir me confesó algo que me ha atormentado durante una década. El silencio en el comedor era tan absoluto que se podían escuchar las gotas de lluvia golpeando contra los vitrales emplomados de la mansión.
Mi padre me dijo que había falsificado certificados de defunción para familias poderosas de México, que había cobrado millones de pesos por ocultar asesinatos haciéndolos pasar por muertes naturales, y que el caso que más lo atormentaba era el de una mujer llamada Carmen Esperanza Mendoza. Ricardo, que había mantenido una calma escalofriante durante todas las confesiones, comenzó a mostrar signos de nerviosismo por primera vez.
Sus manos temblaban ligeramente y gotas de sudor aparecían en su frente. “Esto es ridículo”, murmuró. Carmen murió de un ataque al corazón. Ella tenía problemas cardíacos desde joven. “¡Mentiroso!”, gritó Paloma sacando una grabadora digital de última generación. Isabela grabó esta conversación contigo tres días antes de su muerte.
La encontré escondida en su consultorio forense en una caja fuerte que ni siquiera tú sabías que existía. Presionó el botón de reproducción y la voz de Isabela Ramírez llenó el comedor como el fantasma de una mujer asesinada que regresaba a buscar justicia. Ricardo, necesito que me digas la verdad sobre Carmen. Los análisis químicos que hice en secreto de sus restos muestran niveles altísimos de estricnina en el tejido óseo.
La voz de Ricardo, 5 años más joven, pero igualmente fría, respondió con una tranquilidad aterrorizante. Isabela, ¿estás imaginando cosas? ¿Por qué harías análisis químicos de mi madre adoptiva? Porque soy forense, Ricardo, porque algo no cuadra en su muerte. Y porque encontré esto en el estudio de tu padre. Se escuchó el ruido de papeles siendo movidos.
¿Qué es eso? Es una carta manuscrita de Carmen fechada dos días antes de su muerte. Una carta donde dice que había descubierto que tú eres el hijo biológico de esperanza. una carta donde dice que te iba a confrontar esa misma noche. El silencio en la grabación duró varios segundos antes de que la voz de Ricardo sonara completamente diferente, despojada de cualquier calidez humana.
¿Y qué piensas hacer con esa información, Isabela? La verdad, Ricardo, pienso contar la verdad. Entonces, incluso si esa verdad destruye a tu esposo, especialmente si mi esposo está involucrado en un asesinato. La risa que siguió era tan macabra que hizo que a Rosario se le erizara la piel de los brazos.
¿Quieres saber la verdad, Isabela? ¿Realmente quieres saber toda la verdad? Sí. Carmen me confrontó esa noche de abril, exactamente como dice su carta. Llegó a mi cuarto a las 11 de la noche con los ojos llenos de lágrimas, preguntándome si era cierto que Esperanza era mi madre biológica. ¿Y qué le dijiste? Le dije la verdad que sí, que Esperanza era mi madre biológica, que ella había sido una tonta durante 15 años criando al hijo de la amante de su esposo.
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