Para cerrar este artículo, puedes hacer tuya esta oración simple:
“Señor Jesús, tal vez no comprendo todo lo que vivo,
pero hoy quiero creer que nada de mi historia se ha perdido.
Te entrego mis dolores, mis rechazos, mis miedos y mis batallas.
Te ofrezco también mi sensibilidad, mis lágrimas y mi capacidad de amar.
Si me has elegido, enséñame a vivir como hija tuya,
a interceder por los míos y a ser luz donde haya oscuridad.
Me pongo bajo la protección de la Virgen María
y te pido que mi vida entera se convierta en respuesta a tu amor.
Amén.”
Que este contenido pueda ayudarte a mirar tu historia con más esperanza.
Tal vez no seas “demasiado sensible”, ni “demasiado débil”:
tal vez seas, justamente, una mujer elegida para algo mucho más grande de lo que imaginabas.
Leave a Comment