Una mujer elegida no puede vivir “en automático”. Necesita:
- Un mínimo de oración diaria (aunque sean pocos minutos, pero constantes).
- Alejarse de ambientes, contenidos y personas que dañan su alma.
- Buscar, si es posible, un sacerdote o guía espiritual con quien conversar y discernir.
No se trata de volverse perfecta de un día para el otro, sino de tomar en serio la vida interior.
4. Poner los dones al servicio de los demás
Tus lágrimas, tu capacidad de amar, tus intuiciones y tu sensibilidad no son castigos: son herramientas.
Puedes usarlas para:
- Escuchar a quien no tiene quién lo escuche.
- Acompañar a un enfermo, un anciano, un niño, alguien que sufre.
- Rezar por quienes Dios va poniendo en tu corazón.
Desde la fe, tus dones no son solo para ti: son canales de gracia para muchos otros.
Leave a Comment