A la luz de estas enseñanzas, algunos pasos concretos que puedes empezar a dar son:
1. Reconocer tu identidad delante de Dios
En un momento de silencio, puedes decir con sinceridad:
“Señor, si realmente me has elegido,
te entrego mi vida, mis heridas y mis dones.
Enséñame cuál es mi misión
y dame fuerza para vivirla.
Úsame como quieras. Soy tuya.”
No hace falta entenderlo todo. Lo importante es abrir el corazón.
Leave a Comment