En algún punto sentirás una chispa especial:
una edad en la que te recuerdas más feliz, más libre, más lleno de ilusión.
Cuando llegues ahí, detente.
No se trata de lamentar lo que ya pasó, sino de rescatar la vibración de ese momento.
Imagina tu rostro, tu cuerpo, tu manera de caminar en esa etapa.
Siente en el pecho la alegría, la confianza, la ligereza de entonces.
Mientras respiras suave, repite mentalmente algo como:“Esa energía aún vive en mí.
Cada célula recuerda la perfección con la que fue creada.
Esta noche mi cuerpo entra en descanso reparador y recupera su fuerza.”
No sigas analizando.
Permite que el sueño llegue con esa sensación en el corazón.
El resto lo hará tu subconsciente.
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