Desde esta visión, el ser humano no es un cuerpo que tiene un alma.
Es un alma que usa un cuerpo por un tiempo.
El alma no mide la edad en años, sino en vibraciones:
- El miedo y la preocupación envejecen.
- La gratitud y la paz renuevan.
Cuando cada noche le recuerdas a tu mente que el tiempo puede “bajar la velocidad”, le das a tu alma espacio para hacer lo que sabe: restaurar, ordenar, armonizar.
No estás engañando al calendario.
Estás recordando que, para la parte más profunda de ti, el tiempo nunca fue una prisión.
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